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  Misión Continental 20-10-2017 23:14 (UTC)
   
 
 

             Misión
 

La Mision es parte constitutiva de la identidad de la Iglesia.

Todos los bautizados debemos "recomenzar desde Cristo" (DA549).

La Misión Evangelizadora en Venezuela quiere promover el encuentro con la persona y el mensaje de Jesucristo, para fortalecer las raices de fe de nuestro pueblo y despertar su responsabilidad misionera.

Objetivo General

Invitar a todos los miembros del Pueblo de Dios a un encuentro vivo con Jesucristo para impulsar la comunión con Dios y fraterna, el compromiso misionero y la solidaridad social especialmente con los mas necesitados.

Objetivos Especificos

- Proclamar con claridad y valentía a Jesucristo, manifestación visible salvadora de Dios Amor (Trinidad), como plenitud de realización humana y como respuesta a los problemas que afligen a los hombres y mujeres de hoy (Cf. ECV 92a; PPEV 2.1; JBNJ 40).

- Fomentar una formación kerigmática, integral y permanente de todos los miembros del Pueblo de Dios que impulse una espiritualidad de la acción misionera (Cf. PPEV 168-169; CVI 84; CAT Desafío 3; IF 69.71. 73; OPD Desafío 4; CMF 146; LCV 116-125; ICM Desafío 2; PMC 96-100; ISMR 107).

- Promover una profunda conversión personal y pastoral para que todos podamos recomenzar desde Cristo una vida nueva, inserta en la comunidad eclesial (Cf. PPEV 3.2.1.1; CVI Desafío 1; CIGNS Desafío 1; DA ).

- Lograr que las comunidades, organizaciones y asociaciones y movimientos se pongan en estado de misión permanente, a fin de llegar hasta los alejados e indiferentes (Cf. PPEV 138-149; ICM Desafíos 3 y 4; CVI 86; VCV 116; LCV Desafío 5; JBNJ Desafío 1; OPD 128; IE Desafío 2; ISMR desafío 3.)

- Promover la contribución de todos para la construcción de una nueva sociedad desde una opción preferencial por los más pobres.

¡DICHOSA TÚ QUE HAS CREIDO!

Homilía en la Misa solemne de la Divina Pastora,
Barquisimeto, 14 de enero de 2009.
Cardenal Jorge Urosa Savino, Arzobispo de Caracas.

¡Qué alegría tan grande encontrarnos unidos en torno a Jesucristo, el Buen Pastor, y en torno a su madre amorosa, María Santísima, la madre del Divino Pastor!

Hoy, provenientes de todos los rincones del país, nos hemos dado cita aquí en Barquisimeto centenares de miles de católicos para participar en esta 153ª procesión de la venerable imagen de la Divina Pastora. Manifestamos así, públicamente, nuestra fe en Jesucristo a quien proclamamos Dios y hombre verdadero, “Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero”, como decimos en el Credo niceno-constantinopolitano. Nuestra fe católica nos dice que Jesús nos es un hombre cualquiera, no es un “gran profeta”, y mucho menos un líder político, ni socialista ni de ningún otro signo. El es nuestro gran Dios y Salvador ( Ti. 2, 13). N podemos desvirtuar su condición divina por ningún motivo ni para ninguna finalidad. Manifestamos también nuestro amor y confianza en la protección de María, Madre de Dios y madre nuestra, a la cual veneramos bajo esta tierna advocación de la Divina Pastora.

Con ustedes, participando en esta fiesta religiosa nos encontramos como peregrinos los Obispos de Venezuela, unidos fraternalmente con S.E. Mons Antonio López Castillo, Arzobispo de Barquisimeto, al término de nuestra 91ª Asamblea ordinaria, para ponernos también bajo la protección maternal de Santa María Virgen, y para encomendar a ella las preocupaciones, los dolores, los problemas de ustedes y de todos los venezolanos.

Al término de esta hermosa jornada nos congregamos en torno al altar para ofrecer a Dios nuestro homenaje de amor y de acción de gracias en esta Santa Eucaristía, que es la máxima expresión del culto católico. En efecto, en la Eucaristía, en la Santa Misa, es Jesucristo mismo quien se ofrece a Dios, nuestro amoroso Padre celestial, por la salvación del mundo, pues en la Eucaristía conmemoramos, siguiendo el mandato el Señor, su muerte en cruz y su gloriosa resurrección.

LA FELICIDAD DE LA FE

Acabamos de escuchar el bellísimo relato de la visitación de María a su prima Santa Isabel. En ese encuentro sagrado y lleno de amor, en el cual se manifiesta la inmensa caridad de María hacia su prima que se encontraba en trance de un parto difícil, Santa Isabel bendice a Dios y alaba a Nuestra Señora por el privilegio maravilloso de haber sido escogida para ser la madre del Mesías, el Hijo de Dios, nuestro salvador. En ese diálogo inspirado por Dios, Isabel dice a María: “Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá” (Lc. 1, 45).

Sí, mis queridos hermanos: María acogió el anuncio del angel de que sería la madre de Jesús con una fe intensa, con docilidad, con espíritu de confianza y obediencia. Ella dice al Angel: “He aquí la esclava del Señor: hágase en mí según tu Palabra”, dándonos a todos nosotros ejemplo de fe viva, de entrega confiada en las manos de Dios, de obediencia a su santísima voluntad. Y por ello Isabel le dice esas reconfortantes palabras: “Feliz tú que has creído”. María es la Divina Pastora porque creyó en el Señor; ella fue feliz por su fe, por creer en Dios, por aceptar su santa voluntad, por vivir según su Palabra y cumplir sus mandamientos.

¡Qué alegría, mis queridos hermanos, saber que también nosotros poseemos la felicidad de la fe! ¡Así es, en efecto! Dios hace felices a quienes creemos en El, a quienes sabemos que El es amor, que nos ama tanto que nos ha entregado su Hijo único para que tengamos vida y vida abundante. Por ello podemos decir: ¡felices los venezolanos que creemos en Dios y en la Virgen!; dichosos nosotros, que, por la fe y el bautismo hemos sido revestidos de la gloriosa condición cristiana, la cual consiste, fundamentalmente, en ser hijos de Dios, discípulos de Jesucristo, y, con María Santísima, miembros de nuestra Santa Iglesia católica.

En medio de las dificultades de la vida, que a todos nos aquejan, en medio de los problemas, en las actividades de la rutina diaria, nosotros podemos tener una inmensa felicidad, la felicidad que Jesús promete a quienes vivimos las bienaventuranzas, a quienes escuchamos y cumplimos su Palabra, como El mismo nos dice: “Felices los que escuchan y cumplen la palabra de Dios” (Lc 11, 28).

¡Feliz la Venezuela cristiana y católica!; felices nosotros cuando seguimos a Jesucristo e imitamos a la Divina Pastora; cuando cumplimos los mandamientos, cuando rechazamos el pecado en todas sus formas: la impiedad y la indiferencia religiosa; la soberbia y la violencia, la codicia y la lujuria, es decir, el relajo afectivo sexual. ¡Felices cuando vivimos nuestra fe!

Por esto, mis queridos hermanos, esta celebración, y la extraordinaria manifestación de fe cristiana y católica que es la procesión de la Divina Pastora, debemos concretarla cada uno de nosotros en una fidelidad real a Dios, a Jesucristo. Debe concretarse en el rechazo al pecado, en el propósito de conversión, de vivir una vida virtuosa, rechazando los vicios, las pasiones, y la mediocridad religiosa. No podemos decir que amamos a Dios y a María, la Divina Pastora, si no vivimos de acuerdo a la Palabra de Dios, si no cumplimos los mandamientos. Recordemos la contundente expresión de Jesucristo: “No todo el que dice “Señor, Señor”, entrará al Reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial” (Mt 7, 21). Por eso los invito a realizar el firme y saludable propósito de conversión, de seguir y obedecer a Jesucristo, de imitar a María en el cumplimiento de la Palabra de Dios, los Mandamientos de la Ley de Dios.

¡Felices nosotros, que creemos en Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que sabemos que El nos ama, que queremos seguir a Jesucristo, que pertenecemos a la Santa Iglesia Católica, que tenemos como madre espiritual a la mismísima Madre de Dios!. Los invito a apreciar y a dar gracias a Dios en este momento por nuestra gloriosa condición cristiana: ¡Gracias, Señor por el don de la fe; gracias Señor por la Divina Pastora; gracias, Señor, por incorporarnos a la Iglesia Católica!

FORTALECER LA UNIDAD DE LA IGLESIA

Por la fe y el Bautismo entramos a pertenecer al Pueblo santo de Dios que es la Santa Iglesia Católica. Es una gracia, un privilegio que nosotros, los católicos venezolanos debemos apreciar intensamente. Porque de la Iglesia recibimos el mensaje evangélico de salvación; porque la Iglesia es el cuerpo de Cristo, porque María es la Madre de la Iglesia. Porque es en la Iglesia donde recibimos el Bautismo y encontramos el tesoro maravilloso de los sacramentos de vida y salvación.

Pertenecemos a la comunidad de más de mil cien millones de católicos en el mundo que profesamos la fe en Jesucristo, que acogemos a María Santísima como Madre de Dios y madre nuestra; que estamos congregados en torno al Papa y a los Obispos, que son los únicos legítimos y auténticos pastores del pueblo de Dios.

Y es muy importante que apreciemos esa pertenencia, y fortalezcamos nuestra unidad eclesial. En el mundo entero, con tantas fuerzas disgregadoras, la Iglesia es la casa de todos, y nos ofrece la hermandad y la unidad de la fe, del amor y de la gracia sacramental. Y tenemos en ella el don de la enseñanza auténtica del Evangelio de Jesucristo, proclamado autorizadamente por el Papa y los Obispos, sucesores de los apóstoles, a quienes el Señor dijo: “quien a vosotros escucha a mí me escucha”(Lc 10, 16); y : “A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados” (Jn 20, 23).

Esta maravillosa celebración eucarística, que de manera intensa, debe reflejar nuestra voluntad, nuestro deseo, de seguir a Jesucristo y nuestro amor a la Santísima Virgen, refleja también, algo muy importante: la unidad de la Iglesia. La Iglesia es “una, santa, católica y apostólica”. Aquí estamos los católicos de Venezuela unidos en torno a Jesucristo. ¡Sí, en torno a Jesucristo! La unidad de la Iglesia no es unidad en torno a una ideología, en torno a una simpatía política. La Iglesia está conformada por hombres y mujeres del mundo entero, de todas las naciones, razas y pueblos, de todas las condiciones sociales, y que viven en diversos sistemas políticos. Y es muy importante que subrayemos que nuestra unidad no se da en relación a una afinidad ideológica o a una propuesta política, sino en torno a Jesús, nuestro Dios y Señor. Pero además, es muy importante que reforcemos esa unidad. En momentos en que hay muchas fuerzas que quisieran debilitar la unidad de la Iglesia, los católicos debemos fortalecer nuestra unión: “un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre” (Cfr. Ef. 4,5). Unidos todos estrechamente los fieles católicos de cualquier condición social económica o simpatía política, con los sacerdotes, los consagrados, con el Papa y los Obispos.

Aquí estamos con ustedes los Obispos de Venezuela, venidos de todos los rincones del país: desde las selvas del Orinoco hasta los pueblos más elevados de las montañas andinas; desde la Guajira y el Lago de Maracaibo hasta las hermosas tierras de Margarita y Oriente, en las sabanas llaneras y en los barrios y urbanizaciones de las grandes ciudades. Somos 46 Obispos, al servicio de Dios, al servicio de todos los venezolanos, comprometidos con el pueblo de Venezuela, sin ningún distingo de condición social o económica, y como padres, maestros y hermanos de todos, independientemente de sus simpatías políticas. Allí estamos, sembrados en el corazón de nuestros fieles católicos, para servirlos desinteresadamente, y para hacer presente en medio de ellos a Jesucristo, el Buen Pastor, y a su madre celestial, la Madre del Divino Pastor.

En esta celebración, nosotros, los Obispos de Venezuela renovamos ante Dios y la Virgen María, la Divina Pastora, nuestro compromiso de entrega a todos los venezolanos, para anunciarles el don de la salvación, y la felicidad de la fe.

LA MISIÓN CONTINENTAL EVANGELIZADORA

Mis queridos hermanos: ¡Que distinta sería Venezuela si todos los católicos viviéramos a fondo nuestra fe! Cuánto dolor, cuantas lágrimas, cuanta sangre, cuánta angustia nos estaríamos evitando La práctica de la fe, de las virtudes cristianas descarta la violencia, el odio, el asesinato, el secuestro y el narcotráfico; la corrupción administrativa, la mentira y la traición, la indiferencia religiosa y la idolatría, las agresiones de todo tipo contra la mujer y el niño. La práctica religiosa promueve una familia unida, creyente, estable, y descarta el relajo afectivo sexual, el adulterio y el divorcio, el aborto; la práctica religiosa va en contra de toda forma de maldad: el crimen, el asesinato, el flagelo de la droga, el terrorismo la guerra y la violencia política. Por ello los católicos hemos de pedirle a Dios la renovación espiritual y moral que los Obispos venezolanos hemos propuesto en nuestro documento “Renovemos la mente y el corazón” de julio del 2008.

Y para promover esa renovación espiritual y ética, en unión con todos los obispos de todas las naciones de América Latina, vamos a realizar, en todas las Diócesis y circunscripciones eclesiásticas de Venezuela, un gran proceso, un gran proyecto de renovación estructural y pastoral, personal y comunitaria, que es la GRAN MISION CONTINENTAL EVANGELIZADORA.

Hoy, precisamente en este día, ante María Santísima, la Madre del Divino Pastor, con la presencia y autoridad de la Conferencia Episcopal Venezolana, estamos iniciando aquí en Barquisimeto ese gran proyecto pastoral. Hoy invitamos a todos los sacerdotes y diáconos, religiosos y religiosas, a todos los laicos comprometidos en los movimientos y asociaciones de apostolado seglar, a participar con entusiasmo y alegría en ese gran proyecto de renovación de nuestra Iglesia. Precisamente, una parte muy importante de esa Gran Misión Continental Evangelizadora será la más intensa evangelización y acción pastoral que, en aplicación de las enseñanzas del Concilio Plenario de Venezuela, habremos de realizar para llevar el mensaje de amor y salvación, el evangelio y los dones de Cristo - su gracia, sus sacramentos, su consuelo - , a todos los venezolanos, especialmente a los no creyentes, a los alejados, a aquellos que han decaído en la vivencia de su fe.

Por eso, desde ahora resonará en toda Venezuela este llamado que será el lema de la Misión Continental Evangelizadora: “Pueblo de Dios, escucha y anuncia el Evangelio”, para invitar a todos los venezolanos a abrir los corazones a Jesucristo, a fin de que todos podamos gozar de la dicha de la fe, como María, Madre del Divino Pastor y Madre nuestra.

A ella, con gran confianza, encomendamos esta hora de nuestra Iglesia y de nuestra Patria, poniendo en sus manos este gran proyecto pastoral, con el cual se proclamará con fuerza el nombre y el amor de Jesucristo, y se renovará la vida de nuestra Iglesia.

CONCLUSION

Amadísimos hermanos:

Demos gracias a Dios por nuestra fe, por la alegría de creer en Dios, Padre Hijo y Espíritu Santo, que es puro amor. Demos gracias a Dios por habernos dado como madre amorosa a la Madre de su Divino Hijo, el Buen Pastor. Demos gracias a Dios por nuestra gloriosa condición cristiana de hijos de Dios, discípulos de Jesucristo, y miembros de la Santa Iglesia católica.

Oremos al Señor para que, siguiendo a Jesucristo, nuestro gran Dios y salvador, nos convirtamos realizando la renovación espiritual, religiosa y moral que tanto necesitamos los venezolanos. Oremos por cada uno de nosotros para que, escuchando y cumpliendo la Palabra de Dios, gocemos como María Santísima, la Divina Pastora, de la dicha, la alegría de la fe. Oremos por una necesidad muy grande de Venezuela: el aumento de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Oremos por Barquisimeto, por Lara y por Venezuela, nuestra amada Patria, para que seamos fieles al Señor, como hijos y miembros de nuestra Santa Iglesia Católica. Y oremos para que el Señor bendiga abundantemente este gran proyecto de renovación religiosa, espiritual y moral, estructural, comunitaria y personal, que será la Gran Misión Continental Evangelizadora.

En esta Eucaristía, ante los pies de María Santísima reafirmemos nuestra fe, y hagamos el propósito de seguir siempre a Jesucristo, como lo hizo María Santísima, la Divina Pastora. Y fortalezcamos nuestra pertenencia a la Santa Iglesia Católica, unidos todos como hermanos en torno al Papa y a los Obispos de Venezuela y del mundo entero. AMEN.

 
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